Hay montañas que cargan historia, y otras que guardan silencio. El monte Osutaka pertenece a las dos. A simple vista es una ladera verde de la prefectura de Gunma, perdida entre valles y árboles, pero para Japón es el lugar donde terminó el vuelo 123 de Japan Airlines, el 12 de agosto de 1985. Murieron 520 personas, y más de cuarenta años después su memoria sigue viva en cada ofrenda y en cada mensaje que dejan quienes suben.
Llegar al memorial no es llegar a un monumento cualquiera, sino a un lugar que Japón ha convertido en un punto de encuentro con el pasado: un camino que se recorre despacio, con respeto y casi siempre en silencio. Cada año, cientos de personas suben para recordar y, sobre todo, para que aquello no se repita.
El monte Osutaka es parte tragedia y parte lección, y entender este memorial ayuda a entender por qué el JAL 123 sigue siendo uno de los accidentes más estudiados y más presentes en la memoria del país.
El camino hacia el memorial
Desde el pueblo más cercano, Ueno, la carretera se va estrechando hasta convertirse en una vía de montaña que obliga a ir despacio. No hay grandes carteles: el lugar se anuncia con discreción, como si solo quisiera que lo encontraran quienes vienen a recordar.
Al dejar el coche, el asfalto da paso a un sendero de tierra y escalones sencillos, entre árboles que forman un pequeño túnel verde. En verano el aire es pesado y húmedo, y con lluvia el suelo resbala. No es una subida extrema, pero sí lo bastante exigente como para que nadie llegue hasta allí por casualidad.
Quienes suben cuentan que, a medida que se avanza, aparecen pequeñas señales del camino: cintas atadas a las ramas, flores junto al sendero, carteles de madera que piden silencio y respeto. Unos suben solos, otros en grupos pequeños, con flores o con una mochila ligera, para llegar hasta donde el vuelo 123 se detuvo.
Memorial en el monte Osutaka
El significado del monumento «昇魂之碑», Shōkon no Hi
En el claro principal, en el lugar del accidente, se alza una gran piedra gris con una inscripción en caligrafía japonesa: 昇魂之碑. Es un monumento discreto, sin adornos, pero para quien conoce su significado pesa mucho. Shōkon no Hi puede traducirse como «Monumento a las almas que ascienden», una expresión ligada a la tradición japonesa, en la que la muerte no se entiende como un final absoluto, sino como un tránsito que merece ser acompañado con respeto.
¿Qué significa “昇魂 – Shōkon”?
El término japonés 昇魂 combina los caracteres de “elevar” y “alma”. Es una expresión tradicional usada en memoriales para simbolizar el ascenso espiritual de los fallecidos. Representa respeto, acompañamiento y la voluntad de mantener viva su memoria.
El monumento es el centro del duelo en la montaña. Está en la misma ladera donde cayó el avión, entre árboles y pendientes, sin placas llamativas ni explicaciones largas. La piedra habla sola, con la sobriedad propia del duelo japonés.
Para quienes suben, el monumento suele marcar un cambio de ambiente. Incluso quienes no tienen un vínculo personal con el accidente se detienen unos segundos, hacen una pequeña reverencia o se quedan en silencio. El Shōkon no Hi no pretende impresionar a nadie; pretende recordar.
El papel de los monumentos en Japón
En Japón, los memoriales no buscan imponerse visualmente. Su función es ser un punto donde el recuerdo pueda reposar. La simplicidad del monumento del monte Osutaka refleja esa visión: no impresiona, acompaña; no explica, invita a la reflexión silenciosa.
En Japón, los memoriales cumplen una doble función: honran a quienes ya no están y recuerdan a los vivos su responsabilidad de no repetir los errores. Por eso este monumento no es solo un gesto hacia las víctimas, sino una pieza clave de la memoria del accidente, que más de cuarenta años después sigue acompañando a la sociedad japonesa.
Shōkon no Hi’: monumento dedicado a las almas del vuelo 123
El 12 de agosto en el monte Osutaka
Cada año, el 12 de agosto, aniversario del accidente, el monte Osutaka vuelve a llenarse de gente. La fecha coincide con el Obon, la festividad en la que Japón honra a sus antepasados, pero la subida no es una ceremonia del Obon: es el aniversario del vuelo 123.
Por la mañana, familiares de las víctimas suben por el sendero hasta el Shōkon no Hi. En 2025 lo hicieron 283 personas de 82 familias. Allí guardan un minuto de silencio, hacen sonar una campana para pedir seguridad en los cielos y dejan flores ante la piedra. Con ellos sube también la dirección de Japan Airlines, encabezada por su presidente, un recordatorio de que la compañía sigue asumiendo públicamente el peso de lo ocurrido.
Por la tarde, en el parque memorial de Ueno, al pie de la montaña, se celebra una ceremonia. A las 18:56, la hora del accidente, todos guardan un minuto de silencio, y se encienden 520 velas, una por cada víctima.
Persona orando en el memorial
Ese día, el claro se llena de flores y de mensajes. Aun así, el ambiente no es de tristeza absoluta. Es un duelo contenido, que permite que el pasado siga presente sin convertirse en una herida abierta. En Japón, recordar no es revivir el dolor, sino asumirlo con serenidad.
Cuando termina el día, el monte recupera su silencio. Y aunque la gente se marcha, algo permanece allí: el compromiso, renovado cada año, de que un accidente como el del vuelo 123 no vuelva a ocurrir.
La historia completa del vuelo está en los episodios 16 y 17 del podcast y en la investigación de JAL 123. Y la de las cuatro personas que sobrevivieron, en las cuatro supervivientes del vuelo JAL 123.

