El 17 de enero de 1966, un bombardero B-52 estadounidense chocó con el avión cisterna KC-135 que le estaba repostando sobre la costa de Almería. Las cuatro bombas de hidrógeno que llevaba cayeron sobre Palomares y el mar. Ninguna llegó a explotar como bomba nuclear, pero dos de ellas esparcieron plutonio por los campos del pueblo.
¿Cómo acabó un país sin armas nucleares con cuatro bombas termonucleares en su suelo? La respuesta está en la Guerra Fría y en la relación que Franco había construido con Washington.
Contexto histórico: Guerra Fría y disuasión nuclear
Foto: Arnold Newman, dominio público, vía Wikimedia Commons
Lyndon B. Johnson: el presidente de la crisis
Heredó una estrategia de disuasión que ya mantenía bombarderos con armas nucleares en vuelo permanente. A su gobierno le tocó gestionar el accidente.
Estados Unidos mantenía entonces bombarderos con armas nucleares en vuelo permanente, listos para atacar a la Unión Soviética si hacía falta: era la Operación Chrome Dome. Para aguantar tantas horas en el aire repostaban en vuelo, y una de esas rutas cruzaba el Mediterráneo, con aviones cisterna que despegaban desde bases en España.
España en la Guerra Fría: una neutralidad a medias
Tras la Segunda Guerra Mundial, la España de Franco quedó aislada. Con la Guerra Fría, Estados Unidos vio en ella un aliado útil para contener el comunismo. España no entraría en la OTAN hasta 1982, pero desde 1953 era un socio militar de Washington.
Franco y Eisenhower en Madrid (1959). Foto: US National Archives, dominio público, vía Wikimedia Commons
En 1953, los Pactos de Madrid consolidaron esta relación. Como parte del acuerdo, EE.UU. estableció varias bases militares en territorio español, incluyendo las de Torrejón, Zaragoza, Morón y Rota. Estas bases permitieron que aviones militares estadounidenses, incluyendo bombarderos con armas nucleares, operaran desde España. A cambio, Franco obtuvo un reconocimiento diplomático crucial y una inyección de ayuda económica.
Propaganda y control de daños
Para el régimen, Palomares era un problema político además de nuclear. No podía permitir que la caída de cuatro bombas asustara a la población, espantara al turismo o pusiera en duda la alianza con Estados Unidos, así que la gestión de la crisis se centró más en controlar el relato que en informar.
La imagen más recordada es el baño del ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, en la playa de Palomares el 8 de marzo de 1966, junto al embajador estadounidense Angier Biddle Duke. Se metieron en el agua ante las cámaras para demostrar que no estaba contaminada.
El baño transmitió calma, pero no contaba toda la historia. Mientras tanto, equipos estadounidenses retiraban unas 1.400 toneladas de tierra contaminada para llevarlas a Estados Unidos. Lo que la propaganda no explicaba era que:
Dos de las bombas se habían roto al caer y habían esparcido plutonio por una zona amplia.
Se estaba midiendo la radiación a los vecinos.
La descontaminación la dirigían equipos especializados enviados por Estados Unidos.
Más que una medida de seguridad, el baño fue una operación de imagen para que el accidente no dañara la relación con Washington.
Manuel Fraga (segundo por la izquierda) y el embajador Angier Biddle Duke (primero por la derecha) en el famoso baño de Palomares
Así lo contaba La Vanguardia Española el 5 de febrero de 1966. El titular hablaba de los «intensos trabajos» para localizar el «artefacto nuclear perdido frente a Almería», y el subtítulo zanjaba el asunto del plutonio: «Las radiaciones detectadas son completamente inofensivas».
Dentro, un ladillo destacaba la «gratitud de las fuerzas americanas». Ni una palabra crítica sobre la presencia militar estadounidense: la prensa transmitía calma y cooperación, en la línea de un régimen que quería proteger su relación con Washington.
Impacto internacional
Fuera de España, la preocupación era otra: la seguridad de las armas nucleares estadounidenses. La prensa de Estados Unidos y de Europa siguió durante semanas la búsqueda de la cuarta bomba, que había caído al mar y tardó casi tres meses en aparecer.
La bomba B28 que cayó al mar, ya recuperada a bordo del USS Petrel en abril de 1966. Fue la primera vez que Estados Unidos mostró públicamente un arma nuclear. Foto: US Navy, dominio público, vía Wikimedia Commons.
El gobierno de Lyndon B. Johnson intentó llevar la crisis con discreción, pero la presión obligó a revisar los protocolos. Palomares y, dos años después, el accidente de Thule, en Groenlandia, acabaron con la Operación Chrome Dome en 1968.
Para saber más: el documental «Palomares»
Si quieres profundizar, el documental «Palomares», de Movistar+, reconstruye el accidente con imágenes de archivo, documentos desclasificados y entrevistas con testigos.
El documental "Palomares" explora en profundidad el accidente nuclear de 1966, cuando cuatro bombas termonucleares cayeron sobre territorio español tras la colisión de un B-52 estadounidense. A través de material inédito y entrevistas, la producción desvela cómo se manejó la crisis, la contaminación radiactiva y el impacto en la población.
Repasa la búsqueda de las bombas, la respuesta de los dos gobiernos y el legado de la contaminación: más de cincuenta años después, en Palomares siguen quedando terrenos vallados con restos de plutonio.
Palomares muestra hasta qué punto la Guerra Fría convirtió a España en una pieza pasiva de la estrategia nuclear de Estados Unidos, y cómo se manejó la información de una crisis bajo una dictadura.
Si quieres conocer el accidente desde dentro, con la maniobra de repostaje, la búsqueda de las cuatro bombas y lo que pasó después con la tierra contaminada, escucha el episodio 3 del podcast o lee la investigación completa de Palomares.

