Episodio 18: Los Secuestros de Dawson’s Field (1970)
En septiembre de 1970, el mundo miró hacia un rincón casi olvidado del desierto jordano y vio algo que parecía imposible: tres aviones de fuselaje estrecho alineados en una pista de tierra, rodeados por combatientes palestinos, periodistas, rehenes exhaustos y soldados jordanos atrapados entre la impotencia y la rabia. Aquel lugar se llamaba Dawson’s Field, un aeródromo abandonado cerca de Zarka, y desde entonces su nombre quedó grabado como símbolo del punto de inflexión en la historia del terrorismo internacional.
Antes de que el polvo del desierto envolviera los B707 de TWA, el DC-8 de Swissair y el VC-10 de BOAC, esta historia ya llevaba años gestándose. Para entender Dawson’s Field hay que retroceder a un Oriente Medio que ardía tras la Guerra de los Seis Días, a un movimiento palestino fracturado y desesperado por internacionalizar su causa, y a un mundo de la aviación civil que todavía funcionaba con inocencia: controles laxos, pasaportes sencillos de falsificar, cabinas sin blindaje y un tráfico aéreo que empezaba a conectar el planeta sin prever los riesgos que esto implicaba.
El origen del plan
La operación fue diseñada por Wadi Haddad, el cerebro operativo del PFLP (Frente Popular para la Liberación de Palestina). Haddad no quería un simple secuestro: buscaba una acción simultánea que paralizara a varios gobiernos occidentales, obligara a hablar de los presos palestinos y enviara un mensaje directo al rey Hussein de Jordania, con quien la OLP y el PFLP mantenían una convivencia cada vez más tensa.
Su idea era tan audaz como inquietante:
“Si el mundo no mira hacia nosotros, haremos que tenga que hacerlo.”
El objetivo final era secuestrar cuatro aviones de manera casi sincronizada:
TWA 741 – Boeing 707
Swissair 100 – DC-8
BOAC 775 – VC-10
Pan Am 93 – Boeing 747
Los tres primeros serían enviados a Dawson’s Field. El cuarto, el flamante 747 de Pan Am —el avión comercial más moderno del mundo en ese momento— debía sumarse al desfile. Pero el plan falló: la pista jordana nunca habría podido soportar un Jumbo. Ese error obligó a desviarlo a El Cairo, donde sería destruido horas después.
Una aviación vulnerable
En 1970, volar era un acto de confianza. Los controles de seguridad eran mínimos, los pasaportes falsos circularon sin levantar sospechas, y las armas pequeñas pasaron a bordo sin demasiada dificultad. Para el PFLP, eso fue una ventaja. Para la industria, fue un despertar tardío que cambiaría la historia de la seguridad aérea.
Los secuestros no solo revelaron la fragilidad física de los aviones y los aeropuertos, sino también la fragilidad diplomática de un mundo aún no preparado para enfrentar secuestros simultáneos.
El día del secuestro múltiple
Entre el 6 y el 9 de septiembre de 1970, la operación se activó. Cada avión fue tomado en pleno vuelo siguiendo un patrón milimétrico:
durante el servicio de comida,
con la cabina relajada,
y cuando la atención de la tripulación estaba fragmentada.
En menos de una hora, tres de los cuatro aviones ya estaban bajo control de los secuestradores.
El 747 de Pan Am, demasiado grande para Dawson’s Field, voló hacia El Cairo. Allí aterrizó de emergencia y fue detonado en la pista. No hubo víctimas, pero la imagen del Jumbo ardiendo se convirtió en uno de los iconos más impactantes del terrorismo aéreo del siglo XX.
Los demás aviones sí llegaron a Dawson’s Field, donde comenzarían días de tensión extrema entre el PFLP, el gobierno jordano y las delegaciones internacionales que intentaban negociar la liberación de los rehenes.
Dawson’s Field: un escenario simbólico
El aeródromo abandonado se transformó en un gigantesco plató geopolítico. Los rehenes fueron divididos por nacionalidad, las cámaras llegaron desde todo el mundo y los fedayín multiplicaron sus comunicados exigiendo la liberación de presos en Suiza, Alemania, Israel y Reino Unido.
El PFLP sabía manejar la atención mediática. Sus comunicados estaban preparados incluso antes de que los secuestradores abordaran los aviones en Europa.
El gobierno jordano, atrapado entre su relación frágil con las facciones palestinas y la presión internacional, vio cómo su autoridad comenzaba a resquebrajarse. El secuestro múltiple no fue solo una acción terrorista: fue el detonante directo de la guerra civil conocida como Septiembre Negro, que comenzaría solo días después.
La detonación final
El 12 de septiembre, tras evacuar a la mayoría de los rehenes y con las negociaciones bloqueadas, el PFLP decidió destruir los aviones. Las imágenes tomadas en el desierto —las explosiones, las columnas de humo, el metal retorcido y las colas aún reconocibles— golpearon a la opinión pública global.
Fue un mensaje político.
Fue un desafío.
Y fue el final de una era.

