Es casi un ritual. El avión empieza a rodar hacia la pista y alguien de la tripulación recorre el pasillo pidiendo respaldos rectos, mesas plegadas y persianas arriba. Lo de la mesa y el respaldo se entiende enseguida, pero lo de la persiana suena a capricho. No lo es, y la explicación empieza con un número: noventa segundos.
Noventa segundos para vaciar un avión
Para que un avión de pasajeros grande obtenga su certificado, el fabricante tiene que demostrar que puede evacuarse por completo en 90 segundos, usando solo la mitad de las salidas y con poca luz. Se demuestra con una prueba real a escala completa o, cuando el avión es una variante de otro ya probado, con análisis y ensayos parciales. La idea de fondo es sencilla: en un accidente en tierra, el fuego puede volver inhabitable una cabina en muy poco tiempo, y cada segundo cuenta.
Esos segundos se ganan o se pierden antes de abrir ninguna puerta.
Mirar fuera antes de abrir
Antes de abrir una salida de emergencia, la tripulación de cabina tiene que comprobar qué hay al otro lado. Si hay fuego, humo, combustible derramado, agua o restos del propio avión, esa puerta no se abre y se dirige a la gente hacia otra. Para eso hay que ver el exterior, y con las persianas bajadas la cabina es una caja cerrada.
El despegue y el aterrizaje son, además, las fases del vuelo en las que se concentran la mayoría de los accidentes. Por eso es justo en ese momento cuando se pide tener la vista despejada.
Los ojos también necesitan prepararse
Hay una segunda razón, más fisiológica. Los ojos tardan en adaptarse a un cambio brusco de luz. Si hubiera que salir de repente, quien ya está mirando la luz de fuera se orienta antes. Por la misma razón, en los vuelos nocturnos la tripulación baja la intensidad de las luces de cabina durante el despegue y el aterrizaje: para que la vista ya esté hecha a la oscuridad si hay que evacuar.
Cien pares de ojos más
La tercera razón es que los pasajeros también somos observadores. Desde una ventanilla se ve un motor, un ala o un humo que no debería estar ahí. Los pilotos, en la cabina de mando, no ven nada de eso.
La historia de la aviación tiene un ejemplo muy claro de lo que pasa cuando esa información no llega a quien tiene los mandos. En el vuelo 92 de British Midland, en 1989, muchos pasajeros y tres tripulantes de cabina vieron fuego en el motor izquierdo mientras el comandante anunciaba por megafonía que el problema estaba en el derecho. Nadie se lo dijo a los pilotos. Lo contamos en esta entrada y en el episodio 31 del podcast.
Si ves algo raro por la ventanilla, avisa a la tripulación de cabina. Para eso, entre otras cosas, está la persiana subida.
¿Y lo del respaldo y la mesa?
Va en la misma línea. Una mesa abierta o un respaldo reclinado estrechan el paso entre filas y estorban a quien tiene que salir. Y con el asiento de delante en su posición, la posición de seguridad protege mejor en caso de impacto.
La próxima vez que te pidan subir la persiana, ya sabes que no es para que hagas la foto del ala al atardecer. Aunque, puestos a subirla, la foto también vale.
Imagen de portada: ventanilla de un avión con la persiana subida. Foto: Gomgom B. Y. Sinaga, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

