El 23 de marzo de 1994, un Airbus A310 de Aeroflot que volaba de Moscú a Hong Kong cayó desde diez mil metros sobre la región siberiana de Kémerovo. Viajaban setenta y cinco personas a bordo. Ninguna sobrevivió.
No hubo tormenta, ni bomba, ni avería. El avión funcionó correctamente hasta el último segundo. Lo que falló fue más difícil de ver: una desconexión parcial del piloto automático sin ninguna alarma sonora, en un avión occidental recién llegado a una aerolínea que intentaba reinventarse tras la caída de la URSS.
Durante años, este accidente se ha contado con una sola frase. Este episodio explica por qué esa frase se queda corta.
¿Cómo se pierde el control de un avión que funciona perfectamente? ¿Por qué dos pilotos experimentados no se dieron cuenta de que nadie lo estaba volando? ¿Y qué tiene que ver una noche en Siberia con otra en los pantanos de Florida veintidós años antes?
Reconstruimos el vuelo 593 minuto a minuto: la «nueva Aeroflot» que quiso modernizarse con aviones occidentales, la particularidad del piloto automático del A310 que lo hizo posible y la cadena de decisiones en cabina que la versión popular no alcanza a explicar.
Y al final, lo que quedó: las personas que viajaban aquella noche, lo que concluyó la investigación y una lección sobre automatización que la aviación todavía hoy sigue repasando.
El eco de este accidente

